Sunday, October 29, 2006

Gardel



Para mí, lo inventamos
seguramente fue una tarde de domingo,
con mate,
con recuerdos,
con tristeza,
con bailables bajito en la radio,
después de los partidos.
Seguramente nos dolía una foto en la pared,
algún no tengo ganas,
algún libro.

Yo creo que andaríamos así,
sonsos de aburrimiento,
solitariando viejos para qués,
sin mujer o sin plata,
y desabridos.

Seguramente nos sentimos de golpe
terriblemente solos,
muy huérfanos, muy niños.
Tal vez tocamos fondo.
Tal vez alguien pensó en el amasijo.
Entonces, que sé yo,
nos pasó algo rarísimo.

Nos vino como un ángel desde adentro,
nos pusimos proféticos,
nos despertamos bíblicos.
Miramos hacia las telarañas del techo,
nos dijimos:"Hagamos pues un Dios a semejanza
de lo que quisimos ser y no pudimos.
Démosle lo mejor,
lo más sueño y más pájaro
de nosotros mismos.

Inventémosle un nombre, una sonrisa,
una voz que perdure por los siglos,
un plantarse en el mundo, lindo, fácil
como pasándole ases al destino.

"Y claro, lo deseamos
y vino.
y nos salió morocho, glorioso, engominado,
eterno como un Dios o como un disco.
Se entreabrieron los cielos de costado
y su voz nos cantaba:

Mi Buenos Aires querido...
Eran como las seis,
esa hora en que empiezan los bailables
y ya acabaron todos los partidos

Humberto Costantini

Friday, September 15, 2006

Gotán


Esa mujer se parecía a la palabra nunca,
desde la nuca le subía un encanto particular,
una especie de olvido donde guardar los ojos,
esa mujer se me instalaba en el costado izquierdo.

Atención atención yo gritaba atención
pero ella invadía como el amor, como la noche,
las últimas señales que hice para el otoño
se acostaron tranquilas bajo el oleaje de sus
manos.

Dentro de mí estallaron ruidos secos,
caían a pedazos la furia, la tristeza,
la señora llovía dulcemente
sobre mis huesos parados en la soledad.

Cuando se fue yo tiritaba como un condenado,
con un cuchillo brusco me maté,
voy a pasar toda la muerte tendido con su nombre,
él moverá mi boca por la última vez.

Juan Gelman

Sunday, September 03, 2006

Tango

I.

Ángel oscuro.
Hembra doblada junto al muro.
Farol,
tu labio me ilumina.
Hembra doblada junto al pecho
soy un muñeco desecho
por la morfina.

Tango lleno de humo fumo
tu cigarrillo voluptuoso
estiramiento doloroso,
aliento en el que me perfumo.
Quiero hacer camino de danza,
hacer camino de un poema
Que vaya hasta la locura.
Desesperanza
promiscua noche de la quema
de la basura.

II.

Como el malevo y el gaucho te fuiste viejo organito
cantando,
y con tu canción tajeando
el rumor diverso
de los crepúsculos
suburbanos.

Eras una palabra ya demasiado repetida.
Vieja luna sonora rodando en la vereda
hacia el poniente que ahora te anida.
Desangrándose como los héroes
cada vez más rengo
cada vez más guapo,
consuelo para el hombre después de la labor
y para la hembra después del sopapo.
Durante treinta años el suburbio
se alimentó
con el pan
de tus tangos.

En los buzones desteñidos
se recostó
la compadrada,
y los portones
florecieron mujeres
y los purretes
fueron tus flecos.
Cuántas ventanas escalaste,
primero travieso
y después amargo,
a medida que tus muñequitos
se ensuciaban
de barro.
Tu y yo estamos conformes con tu muerte,
llorada larga por los almacenes
que echan aliento a caña y pampa sobre el mundo,
y los faroles esquineros colgando como ahorcados
el inútil abrazo del hierro machucado.
Ahora sobre este ómnibus grotesco órgano
de la ciudad,
pienso en el bocinear del tiempo nuevo
y en mi querida y el ocaso flamante
que tengo enfrente
y en que tu y el pobre flaco
Evaristo Carriego
cumplieron en la vida su misión
honradamente.

III

El farol esquinero tambalea borracho
su amuñecado cuello de Pierrot en desgracia.
Yo te quiero hasta el beso y te odio hasta el tajo,
te quiero hasta la tarde que rompen las guitarras.

Anda mi alma caña de fuego
-¡y bailar con las gringas en los patios adentro!

Me hice forastero a propósito, digo
si yo he vuelto a tu abrazo como una querida
que partimos por simple y por simple volvemos.
-¡Amor con faltas de ortografía!

Anda el cansancio del organito
por la barriada canción de musgo,
voz de paredes envejecidas,
cielo aplastado contra el suburbio.

Blusa de obrero la tardecita
tu compadrada florece el brazo,
silba la faca silbido agudo
Y estoy riendo

y esto riendo
y estoy llorando.

Raúl Gonzalez Tuñon, de Miercoles de Ceniza (1928)


Sunday, June 04, 2006

Naranjo en flor

Era más blanda que el agua
que el agua blanda
Era más fresca que el río,
naranjo en flor
Y en esa calle de estío,
calle perdida,
dejó un pedazo de vida
y se marchó.

Primero hay que saber sufrir,
después amar,
después partir
y al fin andar sin pensamiento.

Perfume de naranjo en flor,
promesas vanas de un amor
que se escaparon en el viento.

Después, qué importa del después
Toda mi vida es el ayer
que me detiene en el pasado
Eterna y vieja juventud
que me ha dejado acobardado
como un pájaro sin luz.

Que le habrán hecho mis manos?
Que le habrán hecho,
para dejarme en el pecho
tanto dolor?

Dolor de vieja arboleda,
canción de esquina,
con un pedazo de vida,
naranjo en flor.

Tinta Roja


Paredón,
tinta roja en el gris del ayer...
Tu emoción de ladrillo, feliz
sobre mi callejón, con un borrón,
pintó la esquina...
Y el botón que en el ancho de la noche
puso el filo de la ronda
como un broche...
Y aquel buzón carmín, y aquel fondín
donde lloraba el tano
un rubio amor lejano
que mojaba con bon vin.
¿Dónde estará mi arrabal?...
¿Quién se robó mi niñez?...
¿En qué rincón, luna mía,
volcás, como entonces,
tu clara alegría?
Veredas que yo pisé,
malevos que ya no son,
bajo tu cielo de raso
trasnocha un pedazo
de mi corazón...

Paredón,
tinta roja en el gris del ayer...
Borbotón de mi sangre infeliz
que vertí en el malvón
de aquel balcón que la escondía...
Yo no sé
si fue negro de mis penas,
o fue rojo de tus venas mi sangría...
Porque llegó y se fue tras el carmín
y el gris fondín lejano
donde lloraba el tano
sus nostalgias de bon vin!

La Ultima Curda





Lastima, bandoneón,mi corazón...
tu ronca maldición maleva.
Tu lagrima de ron me lleva
hasta el hondo, bajo fondo,
donde el barro se subleva...

Ya se... no me digas... Tenes razon!...
la vida es una herida absurda,
y es todo, todo, tan fugaz,
que es una curda- nada mas!-mi confesion!...

Contame tu condena,
decime tu fracaso,....
no ves la pena
que me ha herido?...

Y hablame simplemente
de aquel amor ausente
tras un retazodel olvido...

Ya se que me haces daño!...
Yo se que te lastimo
llorando mi sermon de vino!...

Pero es el viejo amor
que tiembla, bandoneón,
y busca en un licor que aturda
la curda que al final
termine la función
corriendole un telonal corazón!...

Un poco de recuerdo
y sinsabor
gotea tu rezongo lerdo.

Marea tu licor y arrea
la tropilla de la zurda
al volcar la ultima curda...

Cerrame el ventanal,
que quema el sol
su lento caracol de sueño...
no ves que vengo de un pais
que esta de olvido,
siempre gris,
tras el alcohol.

Letra de Cátulo Castillo
Musica de Aníbal Carmelo Troilo
Buenos Aires 1956