Tango
Ángel oscuro.
Hembra doblada junto al muro.
Farol,
tu labio me ilumina.
Hembra doblada junto al pecho
soy un muñeco desecho
por la morfina.
Tango lleno de humo fumo
tu cigarrillo voluptuoso
estiramiento doloroso,
aliento en el que me perfumo.
Quiero hacer camino de danza,
hacer camino de un poema
Que vaya hasta la locura.
Desesperanza
promiscua noche de la quema
de la basura.
II.
Como el malevo y el gaucho te fuiste viejo organito
cantando,
y con tu canción tajeando
el rumor diverso
de los crepúsculos
suburbanos.
Eras una palabra ya demasiado repetida.
Vieja luna sonora rodando en la vereda
hacia el poniente que ahora te anida.
Desangrándose como los héroes
cada vez más rengo
cada vez más guapo,
consuelo para el hombre después de la labor
y para la hembra después del sopapo.
Durante treinta años el suburbio
se alimentó
con el pan
de tus tangos.
En los buzones desteñidos
se recostó
la compadrada,
y los portones
florecieron mujeres
y los purretes
fueron tus flecos.
Cuántas ventanas escalaste,
primero travieso
y después amargo,
a medida que tus muñequitos
se ensuciaban
de barro.
Tu y yo estamos conformes con tu muerte,
llorada larga por los almacenes
que echan aliento a caña y pampa sobre el mundo,
y los faroles esquineros colgando como ahorcados
el inútil abrazo del hierro machucado.
Ahora sobre este ómnibus grotesco órgano
de la ciudad,
pienso en el bocinear del tiempo nuevo
y en mi querida y el ocaso flamante
que tengo enfrente
y en que tu y el pobre flaco
Evaristo Carriego
cumplieron en la vida su misión
honradamente.
III
El farol esquinero tambalea borracho
su amuñecado cuello de Pierrot en desgracia.
Yo te quiero hasta el beso y te odio hasta el tajo,
te quiero hasta la tarde que rompen las guitarras.
Anda mi alma caña de fuego
-¡y bailar con las gringas en los patios adentro!
Me hice forastero a propósito, digo
si yo he vuelto a tu abrazo como una querida
que partimos por simple y por simple volvemos.
-¡Amor con faltas de ortografía!
Anda el cansancio del organito
por la barriada canción de musgo,
voz de paredes envejecidas,
cielo aplastado contra el suburbio.
Blusa de obrero la tardecita
tu compadrada florece el brazo,
silba la faca silbido agudo
Y estoy riendo
y esto riendo
y estoy llorando.
Raúl Gonzalez Tuñon, de Miercoles de Ceniza (1928)

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